La belleza es
considerada como la fuerza emocional que un sujeto recibe del objeto
que aprecia. Esa “fuerza emocional” es un estímulo que causa la sensación de agrado
en quien la aprecia. El agrado o complacencia viene por la interconexión entre
lo que uno espera y lo recibido. Cuando las cosas coinciden con lo que se
espera, complacen.
Cada persona contiene en su interior el patrón
comparativo que lo interconecta con lo que se le ofrece. En algunos casos este
esquema comparativo o estándar proviene de tradiciones culturales y en otros
casos es debido a la naturaleza propia del ser humano.
Desde la
antigüedad clásica existen escritos, consideraciones y disertaciones acerca de
la belleza. En aquel entonces la belleza constituía una cualidad que hacía que
algo nos pareciese bello, es decir, nos agradara;
No obstante el concepto de la belleza ha evolucionado según las creencias, la
religión, la ciencia, la moral y hasta la tecnología, definiendo nuevos
parámetros de belleza distintos en cada época.
¿Pero
como relacionar este concepto con la verdad?
Sabemos
que la verdad puede ser tanto objetiva como subjetiva y que se construye
socialmente dependiendo así tanto del contexto, la sociedad y la cultura como
de la perspectiva desde la que sea analizada, esto se puede relacionar al
concepto de belleza desde diferentes culturas, épocas y perspectivas distintas.
No se puede explicar porque depende de los ojos,
las percepciones culturales comunes y cómo el cerebro humano interpreta los
aspectos de la belleza. Estas son percepciones únicas en donde las diferentes
culturas y tradiciones aprecian los aspectos que hacen hermosas a las mujeres
de diferentes maneras.
Independientemente
del origen étnico, no es difícil ver y conocer las cualidades normales de la
belleza femenina. Estas incluyen un cuerpo y rostro cuyas proporciones son
simétricas, una tez suave y en general, características que se consideran
uniformes y convencionales. En algunas culturas, estos aspectos van junto con
ser delgada y atlética, ya que sugieren estabilidad financiera y
autodisciplina. Sin embargo, en la antigua Europa, una mujer redondeada era un
signo evidente de belleza y un estatus social más
alto. De igual manera sucede en algunos países en desarrollo.
En
muchos países del sudeste asiático, la palidez es considerada como una
definición de belleza, a diferencia de sus homólogas europeas y americanas, que
a veces trabajan duro para verse bronceadas, las chicas de estos países
trabajan para evitar cualquier coloración adicional. Para estas mujeres
asiáticas, la piel oscura sugiere generaciones de trabajo agrícola bajo un sol
caliente, lo que significa una baja condición social.
Otra marca de belleza en algunas zonas de Asia es tener ojos grandes. Debido a esto, y al deseo de
sobresalir, no es raro que las mujeres asiáticas se sometan a cirugías para
hacer que sus ojos parezcan más grandes y tener párpados de aspecto caucásico.
En cada continente existen diferentes culturas, pero a la vez todas estas se
relacionan con la belleza.
En
África se ve la belleza definida de una manera muy diferente. Tras la pubertad,
los dientes inferiores de las niñas se eliminan de manera que sus labios
inferiores puedan ser perforados y estirados con una placa de arcilla,
entonces, la belleza relativa de la mujer se juzga por el tamaño de su labio
inferior. Una tribu en Etiopía utiliza las cicatrices para juzgar la belleza
femenina; las cicatrices en el torso y el pecho de la mujer representan la
sensualidad y atractivo. En Nueva Zelanda, incluso en los tiempos modernos, una
cara cubierta de tatuajes se utiliza como un signo de orgullo cultural y
belleza.
A
veces, sin darnos cuenta, entramos en ese constante patrón de categorizar. Nos
basamos en ideas estereotipadas, en deseos reprimidos, en creencias que no
cuestionamos porque “han estado así toda la vida”, en modas que cambian con el
paso del tiempo. Fomentamos la continuidad de mitos relativos a este tema: las
bonitas no necesitan maquillarse, las feas son corrientes, nos hemos
bombardeado de tantas ideas erróneas que, al final, nos afecta en la manera de
percibirnos a nosotras mismas.
Se estima que
la belleza es lo que resulta agradable a los ojos y a los sentidos y que, por
tanto, causa una emoción agradable y placer; sin embargo, no todo lo que nos
causa placer tiene que ser bello, con lo cual se reconoce que la belleza
también tiene un grado subjetivo y que depende de los ojos de quien la ve y de
las reglas de la época.
En conclusión, posiblemente al día de hoy una de las teorías más
aceptadas respecto a este tema es la propuesta por el relativismo, que dice que las cosas son bellas o no lo son según el fin que
persigan.
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